Boca Juniors venció 1-0 a River Plate en el estadio Monumental con un gol de Leandro Paredes de penal sobre el final del primer tiempo. El tanto llegó tras una mano de Lautaro Rivero dentro del área luego de un remate de Miguel Merentiel.
El Superclásico se definió en un detalle. A los 46 minutos del primer tiempo, cuando el partido se encaminaba al descanso, el árbitro sancionó penal por la mano de Rivero. Paredes tomó la responsabilidad y no falló: remate firme, ventaja para Boca en el momento justo.
Hasta ahí, el desarrollo había sido parejo, con más tensión que juego. River intentó asumir el protagonismo con la pelota, mientras que Boca apostó a un planteo más directo, esperando el error.
En el segundo tiempo, River Plate salió a buscar el empate empujado por su gente, pero se encontró con un rival ordenado, que cerró espacios y defendió la ventaja con inteligencia. Boca no necesitó brillar: le alcanzó con ser eficaz y sostener el resultado.
El golpe es directo para el equipo de Eduardo Coudet. La derrota en el Monumental corta una racha positiva desde su llegada al banco y frena un proceso que venía en crecimiento. En un partido de este calibre, River volvió a pagar caro un error puntual.
Para Boca, en cambio, la victoria tiene un peso mayor. El equipo de Claudio Úbeda mostró carácter en un escenario adverso, golpeó en el momento justo y sostuvo la ventaja con autoridad. No fue un triunfo vistoso, pero sí contundente en términos competitivos.
Con este resultado, Boca no solo se lleva el Superclásico en condición de visitante, sino que además amplía la diferencia en el historial y reafirma su dominio en el duelo más importante del fútbol argentino. A la vez, empieza a posicionarse como un equipo con ambición en el plano internacional, con la mira puesta en la Copa Libertadores 2026 y el objetivo de ir por la séptima.