La campaña electoral en Argentina transcurre con fogosidad, impetuosa, con el vertiginoso ritmo que impone la era de los likes. Los hechos se suceden, nacen y mueren las noticias que ayudan o perjudican a los oficialismos, y en ese terreno es donde está la disputa por el poder.
La condición dominante es la descalificación y la campaña sucia; la injerencia indisimulada de Estados Unidos en socorro del gobierno de La Libertad Avanza, que no logra hacer pie en el terreno económico y que proyecta mejorar su representatividad para profundizar aún más el ajuste que ya lleva 19 meses.
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La seguidilla de hechos que impactaron en la línea de flotación del gobierno libertario ha vuelto un poco más competitiva la elección parlamentaria de fines de octubre, pero no ha quitado ilusiones ni expectativas a los principales divulgadores y fundamentalistas del ajuste.
Ya casi sin argumentos de su propia valía, el gobierno ha convertido al kirchnerismo en su presa favorita. La demonización de lo poco que queda de aquella representación, otrora dominante de la escena política argentina, es una muestra de la pobreza de logros propios.
Sin obra pública, con achique del Estado, con Cristina presa, hay argumentos de sobra para mantener movilizado a un tercio del electorado en contra. Los escándalos de corrupción (escándalo, palabra devaluada si las hay) se suceden y se reemplazan periódicamente para alimentar la tensión.
El discurso narco o contranarco se ha vuelto central en la campaña política del centro del país; y el otro escenario que copó la centralidad de la campaña es el Congreso de la Nación, donde la oposición le ha hecho pagar al gobierno nacional todos los errores cometidos por subestimar a sus aliados y el poder de la oposición parlamentaria.
La contracara neuquina
En la provincia no hubo campaña sucia entre los principales contrincantes, pero sí el trabajo sucio lo realizaron las fuerzas menores de la derecha y grupos libertarios que intentan dañar las chances de la diputada nacional Nadia Márquez.
Nada nuevo en el mapa de la política neuquina: fuerzas parasitarias que viven siendo funcionales a los oficialismos consolidados y que son pequeñas pymes como los prestasellos para colectoras. Una industria que, de a poco, ve cómo se apagan sus luces; dentro de las promesas de cambio, esto también se encuentra entre las prioridades fundacionales del nuevo sistema inaugurado en la era Figueroa.
Falta poco y el último domingo de octubre será también el primero de una nueva etapa de la política neuquina, que vendrá con cambios en el gabinete obligados por la partida de Julieta Corroza y Pepe Ouset. Nuevos protagonismos y nuevos objetivos nutrirán el rumbo de la Neuquinidad.
Volviendo sobre la campaña electoral neuquina, resulta llamativa la desmovilización ciudadana, que por un lado es propia de las elecciones intermedias legislativas, pero que también tiene el antecedente de lo que viene sucediendo en otros distritos.
La desmovilización beneficia al oficialismo y a los partidos que tienen estructura, y es un síntoma del descontento de los nuevos votantes, que al no contar con alternativas al mileísmo optan por la no concurrencia.
El caso Espert espantó muchos votos de La Libertad Avanza: la caída en la imagen del presidente defendiéndolo, la maniobra con la baja de las retenciones y las coimas en Andis conformaron una secuencia de hechos que dañaron la credibilidad, y esa es una tendencia nacional que también jugará en Neuquén.
La campaña neuquina escapó al lamentable debate que no pudo evitar la vecina provincia de Río Negro, con descalificaciones y acusaciones cruzadas acerca de los vínculos de la política con el narcotráfico.
Los números también ayudan al gobierno de Rolando Figueroa: crecen los ingresos por el petróleo y las inversiones en obras que proyectan realizar en el próximo presupuesto alcanzan cifras astronómicas.
Nada de lo que se ha hecho es casual: siempre el gobierno consideró fundamental esta elección, tanto para su proyección a un nuevo mandato como para la consolidación de su liderazgo.
Octubre será, seguramente, un mes fundante: desaparecen apellidos vinculados históricamente a un orden dominante de la política neuquina, y eso tampoco es casualidad.
El contraste de lo que sucede en otros lugares del país con la política y la economía ayuda al gobierno de la Neuquinidad, que acabó esta semana acompañando un acuerdo entre Eni e YPF para el desarrollo del proyecto de exportación de GNL más grande de la historia argentina, que contempla la producción de 12 millones de toneladas de GNL anuales, con una proyección de exportaciones de GNL y líquidos asociados que podría alcanzar los 14.000 millones de dólares al año.
Quizás la riqueza del subsuelo neuquino sea un aura que nos proteja de la mediocridad que castiga a otras provincias argentinas, pero la decisión política de llevarla al éxito y a su realización tiene que ver con la decisión política de quienes nos gobiernan.
Las cosas, a veces, suelen ser producto del azar, pero generar las condiciones para que haya seguridad jurídica y estabilidad política necesita de un liderazgo fuerte y claro. A eso aspira Rolando Figueroa con la Neuquinidad.
