Domingo 23 de Noviembre de  2025
PANORAMA POLÍTICO

Tiempo de realpolitik

Entre negociaciones nacionales y definiciones provinciales, la política argentina transita una etapa de pragmatismo en la que Neuquén busca consolidar su gestión y proyectar la siguiente fase de gobierno.

Escrito en EDITORIAL el

La realidad supera a la ficción. Esta frase, utilizada en muchas ocasiones para reflejar la perplejidad ante hechos o acciones inesperadas, se vuelve más útil cuando hablamos en el terreno de las cuestiones políticas, o bien dicho también, de las cuestiones públicas.

Para quitarle misterio a la aseveración precedente basta con ir al escenario político que está instalado tras las elecciones del 26/10. En la semana se conoció cómo el gobierno nacional va acercándose a la construcción de ser la primera minoría en la Cámara de Diputados.

La sorpresa no son los tres diputados radicales provenientes de cierta matriz liberal que se acercan al oficialismo gobernante en la búsqueda del calorcito del poder, sino que algunos de los más firmes defensores del peronismo del interior esperan la visita del ministro del Interior, Diego Santilli, a Santiago del Estero para ver cuántos de los siete diputados y tres senadores de aquella provincia del norte se suman al oficialismo en el Congreso de la Nación.

Si Santilli logra sumar a los representantes santiagueños, se restan de los 95 actuales del PJ y se suman a los 92 con que cuenta el oficialismo entre propios y aliados. No fue magia ni lo será: es la realidad de la política argentina o, como se suele decir en la jerga política, es la realpolitik.

Mientras por ese lado el gobierno argentino suma para demostrar afuera que ha salido fortalecido de las elecciones, por otro lado se conoció que los 20 mil millones de dólares del swap con bancos de EE.UU. no se concretará. El ministro Luis Caputo desmintió que fuera una decisión de los bancos y, en cambio, aclaró que era una decisión nacional.

Subibaja

Mientras esta situación envuelve al gobierno nacional en sus frentes interno y externo, el gobernador neuquino se internó en la región de la provincia con la que más se identifica. Y desde allí medita los cambios en el gobierno, cambios que no solo se refieren a los cargos en el gabinete, sino también a profundizar en cuestiones de orden público o, mejor definido, en políticas públicas.

La legitimación obtenida en las urnas del gobierno libertario obliga al gobierno de la provincia a llevar adelante políticas que no disientan o confronten con lo que se plantea desde Nación. Y estas cuestiones juegan un papel muy importante en las relaciones entre los Estados nacional y provincial.

La visita de Diego Santilli fue un paso adelante en el acercamiento y el nuevo vínculo que emerge a partir del resultado electoral. Trasladado hacia adentro implica una revisión de algunas políticas que podrían generar tensiones. La primera es la política salarial.

En un trabajo publicado por el diario La Nación y que lleva la firma de la plataforma de negocios Interbanking, se asevera que en su informe de transferencias de sueldos de octubre —que analiza el comportamiento salarial de Argentina de acuerdo a la actividad económica por provincia y por evolución respecto del año anterior—, Neuquén paga los sueldos más altos del país. La suma de 2.659.048 es la que el estudio adjudica como salario promedio en la provincia de Vaca Muerta. Visto desde afuera, la cifra impresiona.

Esto que describimos en el párrafo anterior no obsta que desde los gremios se estén planteando cuestiones poco realistas acerca de cómo seguir adelante con los acuerdos que hasta aquí dieron certeza a los de ingresos fijos y paz social a Neuquén.

La fórmula del IPC es lo que está en discusión y puede convertirse en el eje de un conflicto antes de que lleguen los turrones navideños. Y en ese escenario se sabe cómo juegan los diversos protagonistas del mundo gremial.

Algunos están pidiendo que el IPC sea el piso y de ahí en más ver qué se puede agregar. Algo que no está en los cálculos del gobierno provincial y mucho menos en los propósitos del gobierno nacional, que propone un aumento del 10 por ciento para todo el año.

Habrá discordia, pero ya en un contexto donde no se puede elongar más la ya alicaída imagen del sector público. Hasta aquí, los acuerdos entre sindicatos estatales y el gobierno han logrado una etapa estable para el trabajador estatal y sin dejar de lado el rol del Estado en la vida pública. Es un logro y no reconocerlo puede acarrear un retroceso.

Llegado este momento en que todo debe ajustarse a lo que eligió la soberanía popular —ganó Milei, no el socialismo— hay que ser realista y, más allá de las convicciones, hay que aceptar la realidad.

Este pragmatismo parece impulsar la nueva etapa del gobierno de la Neuquinidad; primera etapa cumplida, los compromisos políticos comienzan a caducar y llegó la instancia de exigir resultados.

Hay nombres que ya tienen una etapa cumplida y la renovación no será uno a uno, algunas áreas van a achicarse y se armará una administración a medida; ya pasó la etapa de conocimiento y desmonte del Estado elefantiásico que se heredó.

Toca ahora la segunda etapa del mandato y es la que signa la reelección o no del gobierno. Sin presiones, pero con la consigna clara: no sobran las balas y no hay margen para la improvisación.