Ha sido esta una semana que comenzó con el duelo del pueblo uruguayo y de la izquierda latinoamericana por la muerte de Pepe Mujica, y que puso en escena por segunda vez en menos de un mes la pérdida de dos referencias claras y señeras como lo fueron el Papa Francisco (Jorge Mario Bergoglio) y el expresidente y exguerrillero Pepe Mujica (José Alberto Mujica Cordano). Quizás ambas muertes representen la agonía de una época romántica de la política y su compromiso social en América Latina.
Hemos compartido en este panorama semanal —en más de una ocasión— cómo el contexto de cambio de época va formateando la realidad local, y poco a poco las nuevas formas van imponiéndose. Las nuevas ideas generan nuevas formas y el formato democrático que conocíamos cruje. Se puede estar de acuerdo o no, pero no se puede tapar el sol con las manos.
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Algo de eso deben sentir quienes manejan el peronismo neuquino. Hace dos décadas hablaba Oscar Parrilli y no se discutía una coma de lo que decía. El tiempo consumió las mejores horas de ese peronismo; dio su mejor versión en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Hoy es una parodia de aquello. Estirar la agonía solo ha servido para que algunos continúen en unos pocos cargos electivos y otros buscaran nuevos horizontes.
La irrupción de la construcción política que hizo Neuquinizate con el liderazgo de Rolando Figueroa diezmó al peronismo neuquino hegemonizado por el parrillismo y le dio protagonismo a quienes siempre sintieron que el actual senador les ponía techo y les cerraba el paso a cualquier pretensión de crecimiento político o individual.
Sin lazos sanguíneos o rendición de pleitesía incondicional, no existió jamás una expectativa de crecimiento. Lo podría explicar detalladamente Darío Martínez, que sufrió las candidaturas de Ramón Rioseco como postergaciones personales. Lo bajaron dos veces, se recuperó en el gobierno de Alberto Fernández y vuelve a ser el partenaire de Parrilli. Hay gente que habla muy lindo, critica de manera tajante, pero a la hora de los hechos propios sigue siendo un subordinado del orden que se va muriendo: el de Cristina Fernández y el de Oscar Parrilli.
El tiempo pasa inexorablemente y el PJ neuquino debate su supervivencia. Hay quienes dieron el paso de salirse de esa lógica y partir hacia el frente que los hizo gobierno.
Lo ocurrido en Zapala demuestra claramente que no son unos parias quienes se fueron. Si el Congreso está integrado por 78 miembros y apenas 57 estuvieron presentes, ¿cómo se explica que unos acusen a otros de poseer el patrimonio de la identidad peronista? Poseerán el sello, pero la identidad no es patrimonio de nadie o es de todos. Las versiones oficial y opositora, obviamente, contrastan de acuerdo a los intereses que representan.
La lectura es compleja para un no peronista que pretenda objetividad valorativa; lo cierto es que quienes mandaron durante dos décadas apenas si lograron juntar una mayoría ínfima. No existe la mayoría abrumadora que sostiene la narrativa parrili/martinista, y sí quedó bien en claro este sábado en Zapala.
Hay un final de época y, como suele suceder cuando los que dirigen van perdiendo consenso y se aferran al poder, pasan de la seducción al apriete.
Ambas facciones expresaron sus posiciones respecto de lo sucedido en sendos comunicados. La teoría de la intervención cobra fuerza y las expulsiones a quienes integran cargos públicos en el gobierno de Rolando Figueroa cobran fuerza. Mientras tanto, el gobernador, enfundado en el traje de armador para octubre, revisa la red de su medio mundo para no dejar a nadie afuera.
La ruta del gas
Reforzando la tarea que viene llevando adelante desde antes del inicio de su mandato, el gobernador de Neuquén viajó a Chile con la idea de consolidar las relaciones de vecindad y de interés estratégico para el desarrollo económico de la región a ambos lados de la cordillera.
Neuquén tiene lo que Chile necesita, y bajo esa lógica sencilla y práctica, Figueroa refuerza la oferta de gas y potencia la integración comercial con un sentido federal. Lejos o independiente del centralismo argentino, el mandatario trabaja de manera constante y consciente esa relación bilateral.
Los vínculos no pasan ni por Cancillería ni por operadores políticos nacionales. Quizás, siguiendo la tradición de los hombres del Norte Neuquino, Figueroa mira a Chile con cercanía y confianza, lejos de los prejuicios históricos que se han fomentado en nuestros países.
A principios de año, los gobernadores de la Región del Biobío y de Neuquén habían manifestado en un encuentro en la frontera la vocación de trabajar mancomunados en el desarrollo regional. En aquella oportunidad, Figueroa remarcó que la provincia de Neuquén y la región del Biobío “han construido una amistad que se lleva en el ADN de ambos lados de la cordillera y eso lo tenemos que trasladar también a la economía”.
“Hoy los neuquinos tenemos la posibilidad de proveer de gas al mundo, lo que incluye a Chile. Esto va a requerir una reconstrucción del vínculo de confianza que se ha roto por incumplimientos de contratos de provisión en determinados momentos”.
Las huellas del camino de integración binacional que viene transitando el gobierno se repasan cada tanto, reforzando la coherencia y trabajando la confianza.
Fotos que no son amores
La protesta que unió a Angélica Lagunas con Carlos Quintriqueo por el cuestionado sistema de auditoría de certificados médicos que implementa el área de Salud Ocupacional desde febrero pasado no tiene nada que ver con un affectio societatis.
Sin duda que el perfil de ambos dirigentes difiere en un montón de cuestiones de fondo y también en lo ideológico. Desde el gobierno provincial se visualiza a Quintriqueo como un dirigente dialogable y hasta como fuego amigo, dada su contribución a la gobernabilidad. No ocurre lo mismo con Angélica Lagunas.
La desconfianza del Ejecutivo se basa en que ambos dirigentes son candidatos en las próximas elecciones y que podrían usar los errores del Ministerio o de la ministra para potenciar sus campañas. Por ello, creen que no los une el amor sino el espanto.
