Es fácil hablar con el diario del lunes. Lo complejo es arriesgarse a hacerlo cuando “un corso a contramano” te intimida y te hostiga lo que honestamente genera tu intuición. La metáfora viene a cuento porque hace una semana atrás los pronósticos de la elección de provincia de Buenos Aires dividían a la opinión pública en dos, los que deseaban que perdiera uno u otro. No era muy sofisticado el sentimiento.
Cualquier cosa servía para justificar el “pronóstico” de cada uno, el antiperonismo feroz y el peronismo troglodita volvieron al centro de la escena; un viejo caramelo con un nuevo envoltorio.
Te podría interesar
El triunfo del oficialismo en PBA remarca lo que viene sucediendo en otros distritos y proyecta un escenario nuevo para la elección de octubre. Los errores del comando de La Libertad Avanza demuestran el grado de improvisación y amateurismo con que se afrontó la competencia.
Con un presidente enajenado de la realidad política y social que delegó en su hermana y un grupúsculo de adláteres el armado político. Que otea la economía que maneja un equipo que ya ha fracasado en anteriores ocasiones y que descarta cualquier tipo de ayuda exógena, la previa a la elección o eras un fan ciego de LLA o los hechos indiciarios te marcaban que ir a una elección a la provincia cuna y cuartel del peronismo en las condiciones en que se llegaba, era una ruleta rusa.
Por ser una elección provincial las balas resultaron ser de salva. Nacionalizar la elección fue un error grave y subestimar a la gente que viene pagando un ajuste desde hace 21 meses fue desprecio social.
Los resultados están a la vista y ahora se trabaja sobre los daños colaterales, igualmente no parece haber indicios de cambios sustanciales en las conductas de los principales operadores del gobierno y la interna del poder se traslada para saber quién paga los costos. La hermana presidencial salió a la cancha nuevamente como si nada ocurriera. Y el gobierno de LLA queda bailando en sus manos.
Refundar la mística
El paso de estos 21 meses tampoco ha sido inocuo para el gobierno de Rolando Figueroa. Cambiar el Estado recibido, incorporar las demandas de la hora y asumir el pasivo histórico de amplias regiones de la provincia sumado al atraso en infraestructura es una tarea ciclópea.
Las expectativas de cambio tienen urgencias y ansiedades alimentadas por años de espera, frustraciones y olvidos penosos. Estos caldos cocieron pacientemente la espera de juntar a un líder con sus demandas; lo encontraron en Rolando Figueroa y desplazaron al Movimiento que era el alter ego del ser neuquino.
Los primeros pasos fueron ordenar un Estado que, decir que encontraron desordenado es poco, un desquicio cartelizado que tenía claros protagonistas en la obra pública y en áreas sensibles como salud y educación.
El ahorro generado produjo resultados e impacto en obras públicas y en la reducción de la deuda pública. El gobierno hoy puede hacer campaña con estas políticas que antes beneficiaban a grupos de interés reducidos. Hoy el beneficio es de los ciudadanos.
El buen momento económico por el que pasa la provincia es de un brillo que no siempre es el metal precioso, la idea de que Vaca Muerta es un dispensario de recursos ilimitados es una exagerada visión de lo que realmente pasa. Los recursos naturales están, se extraen y hay que convertirlos en ingresos reales, mientras tanto el Estado neuquino debe responder a demandas sociales crecientes con los recursos con que realmente cuenta y esa es una tarea diaria y concreta.
Galopando entre estas y otras necesidades el gobierno de Figueroa fue construyendo su perfil, las dificultades y las debilidades de formación fueron expuestas por la oposición en la Legislatura, se frenó la demanda callejera de los gremios estatales y se mantiene un acuerdo de convivencia con las organizaciones sociales. La protesta constante dejó de ser la postal diaria de las calles neuquinas.
Nadie se convierte en héroe asumiendo que el que tiene enfrente está fuerte y tiene algunos aciertos, en un país donde la forma de crecer es destruyendo, la voracidad detractora no conoce límites y estamos hablando de una provincia que está entre las más “normalitas” del país en cuanto a su situación económica.
El gobierno tiene fallas y defectos, por supuesto, y hay desilusionados; hay derrotados y ex beneficiarios del club de pertenecer a la élite privilegiada. Esto no cambia ni modifica un rumbo que eligió la ciudadanía en abril de 2023, puede resultar más o menos “lindo” Figueroa, pero es un camino trazado con determinación.
Esto que detallamos irá a las elecciones en pocas semanas más y enfrente habrá una nube formada por la ilusión de nacionalizar una campaña con la imagen de Javier Milei como estandarte. Se verá qué camino eligen los neuquinos.
Desde el gobierno creen que el antídoto a cualquier avasallamiento a la identidad cultural y autodeterminación neuquina es el modelo de gobernanza y de construcción política que denominó Neuquinidad. Con mucho o poco que se pueda criticar hay un programa que marca claramente el espíritu que inspira al gobierno y quizás sea una figura no suficientemente destacada, y es el programa de becas Gregorio Álvarez.
Alguna vez el recordado Tomás Bulat dijo: “Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. El saber rompe las cadenas de la esclavitud”. La determinación de poner en marcha el programa de becas fue toda una definición de hacia dónde iba el gobierno. Romper con ciertas estructuras clientelares es otra.
Los que vivimos estos tiempos neuquinos seremos testigos de los aciertos o no de quienes gobiernan. Nada impedirá que lleguen los nuevos tiempos, la tragedia será para quienes no logran ver que los cambios son imparables.
