La fundación de Neuquén Capital no es un evento aislado, sino que se inscribe en el gran relato del Estado argentino y su estrategia para consolidar el control sobre el vasto territorio de la Patagonia a finales del siglo XIX. Este proceso se inició con la avanzada militar de 1879, comandada por Julio Argentino Roca, con el objetivo de someter a los pueblos originarios como los liderados por el cacique Sayhueque en el sur y Purrán en el norte, y abrir el camino al desarrollo capitalista, integrando a la Argentina en el mercado global como exportadora de materias primas. En 1884, la Ley 1532 creó oficialmente el Territorio Nacional de Neuquén, y el primer gobernador, Manuel José Olascoaga, estableció la capital en Campana Mahuida. Sin embargo, por las duras condiciones climáticas, la sede fue trasladada a Chos Malal, que se consolidó como capital durante 17 años gracias a su constante intercambio comercial con Chile y una población andina más densa.
El impulso definitivo para la reubicación de la capital fue, sin lugar a dudas, la llegada del ferrocarril del Ferrocarril del Sud, que extendió su línea desde Bahía Blanca hasta la Confluencia. La construcción de la crucial línea férrea y del puente metálico sobre el río Neuquén, que enfrentó serias dificultades por las crecidas del río, fue una obra de ingeniería que se inauguró en julio de 1902. Antes de este hito, el viaje desde Buenos Aires a Chos Malal podía tomar entre un mes y medio y dos meses. La locomotora 205 que cruzó el puente por primera vez, redujo drásticamente el tiempo de viaje a solo unos días, uniendo la Patagonia directamente con el centro del país y atrayendo una oleada de inmigrantes y comerciantes. El nuevo trazado ferroviario transformó la estación de Neuquén en el corazón de un incipiente poblado, un punto de encuentro que dinamizó rápidamente el crecimiento económico y social de la región.
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Este proyecto de traslado fue liderado por dos figuras de gran influencia política. Carlos Bouquet Roldán, quien asumió como gobernador en 1903, fue el principal impulsor de la iniciativa, recorriendo el territorio y convencido del potencial de la Confluencia. Su plan contó con el respaldo incondicional de Joaquín V. González, el poderoso ministro del Interior del presidente Roca. González, un riojano de vasto intelecto, había vivido y participado en la planificación urbana de la ciudad de La Plata, lo que le proporcionó una visión única para ver el potencial estratégico de un nuevo asentamiento en la Confluencia. Después de su visita de inspección en marzo de 1904, González aceleró los trámites para que la Confluencia se convirtiera en la nueva sede del gobierno territorial.
El anuncio del traslado, decretado por el presidente Roca, provocó una fuerte y organizada resistencia en Chos Malal. Los vecinos y las autoridades locales se opusieron con vehemencia, enviando telegramas que advertían sobre el "punto desierto" de la Confluencia, que consideraban "inundable" y carente de "agua potable y campo de pastoreo para animales de trabajo". Con argumentos demográficos, sostenían que el 95% de la población del Territorio se concentraba en su región andina y que la mudanza a un lugar sin escuelas ni servicios era un "retroceso". Además, recordaban que la administración funcionaba cómodamente en edificios que habían costado 200.000 pesos a la Nación y que la nueva capital exigiría un gasto de un millón. Sin embargo, la decisión se impuso, y documentos históricos revelaron que los principales promotores del traslado, incluido Carlos Bouquet Roldán, eran propietarios de vastas extensiones de las mejores tierras en la zona de la Confluencia. Al mover el centro administrativo y la infraestructura del Estado, lograron una valorización artificial de sus propiedades, mostrando que la especulación inmobiliaria y los intereses privados jugaron un papel central en la decisión política.
La historia de la fundación de Neuquén también está marcada por una interesante controversia sobre la fecha oficial. El debate giró entre el 19 de mayo de 1904, día en que el presidente Roca firmó el decreto de traslado, y el 12 de septiembre del mismo año, cuando se realizó el acto formal de fundación y se firmó el acta de nacimiento de la nueva capital. La disputa por la narrativa fundacional se resolvió al reconocer a Bouquet Roldán como el "fundador" y a Roca como el "inaugurador". Esta elección no fue menor, ya que priorizó el esfuerzo local y la acción concreta del gobernador sobre la autoridad distante del decreto presidencial, un gesto que sirvió para consolidar el orgullo y la identidad de la naciente comunidad.
Desde sus inicios, la nueva capital fue concebida con una clara planificación urbana. Sus planos originales de 1904 muestran un diseño en damero con manzanas de 100 por 100 metros, con avenidas que convergían hacia la futura gobernación. Uno de los primeros y más curiosos edificios gubernamentales fue el Chateaux Gris, un chalet prefabricado que el propio gobernador trajo desde Buenos Aires, pagando el pasaje de 21 operarios. Este edificio albergó la sede de gobierno y también la primera biblioteca pública de la ciudad. La educación fue una prioridad desde el principio: en febrero de 1904, antes incluso del acto de fundación, se creó la primera escuela infantil, una iniciativa de una comisión de damas del pueblo. El crecimiento fue tan rápido que al año siguiente la escuela se dividió en dos, una para niños y otra para niñas. Otros edificios pioneros incluyeron la Cárcel Miseria (U9) y los primeros hospedajes para recibir a la creciente ola de recién llegados.
El crecimiento inicial de la ciudad fue impulsado por la llegada del ferrocarril y se consolidó a lo largo del siglo XX con la provincialización en 1955. La importancia de Neuquén se disparó en 1918 con el descubrimiento de petróleo en Plaza Huincul, lo que la convirtió en el principal centro de servicios para la actividad hidrocarburífera de la región. La historia de su fundación está llena de anécdotas, como la llegada de la comitiva oficial en tren a las tres de la mañana, que se vio forzada a dormir en los vagones. El gran asado de festejo se realizó al mediodía bajo el puente ferroviario, y la banda del Ejército amenizó la jornada. Apenas 14 horas después, la comitiva regresó a Buenos Aires. Estos detalles, combinados con una visión estratégica de sus promotores, dieron forma a una ciudad que hoy se alza como el indiscutible polo de desarrollo y el principal centro urbano de la Patagonia.
