Martes 21 de Octubre de  2025
HISTORIA DEL CACIQUE BANCO

Juan Benigar, el "sabio que murió sentado"

Intelectual, inventor y pensador teosófico, Benigar se convirtió en un símbolo de resistencia cultural en Neuquén. Sus obras de infraestructura, su telar hidráulico y sus manuscritos lo proyectaron como un visionario adelantado a su tiempo.

Escrito en MEMORIAS DE LOS VIENTOS el

Juan Benigar nació en 1883 en Zagreb, Croacia, y llegó a la Argentina en 1908 con una decisión definitiva: vivir entre los pueblos originarios y estudiarlos con respeto. Formado en ingeniería, filología y medicina, hablaba más de una decena de idiomas y eligió la Patagonia como destino de vida, primero en Colonia Catriel y luego en la cordillera neuquina, donde lo apodaron el “cacique blanco”.

Su integración a la cultura local se consolidó junto a Eufemia “Sheypuquiñ” Barraza, con quien formó una familia numerosa y aprendió el mapudungun. Desde ese vínculo, combinó conocimiento técnico y saber ancestral: trazó canales de riego en Catriel, proyectó el puente sobre el río Aluminé y promovió una idea de desarrollo que uniera autonomía comunitaria con innovación sencilla y efectiva.

Teósofo convencido, Benigar sostuvo una vida austera y una búsqueda espiritual que dialogó con la cosmovisión mapuche. Su última voluntad pidió que su tumba llevara el emblema teosófico y no una cruz, síntesis de un pensamiento que aspiraba a unir religiones, ciencia y filosofía con el territorio y sus habitantes.

En Poi Pucón, cerca de Aluminé, levantó la Industria Textil Sheypuquiñ: diseñó un telar hidráulico y una prensa hidráulica que, movidas por agua de arroyo, multiplicaron la producción de paños homespun de lana pura. Con su familia como equipo, llegó a abastecer clientes de todo el país y soñó con una cooperativa indígena que diera trabajo digno a decenas de familias.

De noche, a la luz de faroles, escribió sin descanso: dejó más de 300 cuadernos con estudios de lingüística mapuche, etnografía, historia, filosofía y reflexiones sobre la tierra y los derechos indígenas. Publicó monografías pioneras como “El concepto del tiempo, del espacio y de la causalidad entre los araucanos”, fue nombrado Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y polemizó en “El problema del hombre americano”.

Una parte de su obra mayor, el Diccionario de la Lengua Araucana, quedó inédita y en gran medida extraviada. Sus manuscritos atravesaron pérdidas, traslados y rescates; hoy, archivos, bibliotecas y la familia conservan y catalogan ese acervo, mientras investigadores continúan el trabajo de recuperación y digitalización para resguardar su valor.

Benigar murió en 1950 en Aluminé, hallado sentado bajo un manzano, en una imagen que cristalizó su leyenda. Su legado reúne respeto intercultural, creatividad tecnológica y compromiso social: un europeo que se hizo patagónico, defendió a los pueblos originarios y mostró que el conocimiento puede transformar la vida cotidiana sin renunciar a la dignidad y la memoria.