Martes 21 de Octubre de  2025
CATÁSTROFE AÉREA

La caída del Avro 748 y la tragedia que enlutó Cutral Có

A tres semanas del golpe de Estado, la caída del avión de YPF que transportaba a 34 operarios petroleros y 3 tripulantes se convirtió en el mayor desastre aéreo de Neuquén. La investigación técnica señaló la fatiga de materiales, pero el régimen militar impuso un manto de olvido.

Escrito en MEMORIAS DE LOS VIENTOS el

La mañana del miércoles 14 de abril de 1976 estaba marcada por una rutina vital para la explotación petrolera en Neuquén. El avión Avro Bravo 748 de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), matrícula LV-HHB, realizaba uno de sus vuelos diarios conectando los yacimientos remotos. La aeronave partió del campamento de Rincón de los Sauces, con destino final en Cutral Co, llevando a bordo a 34 operarios que regresaban a casa para su merecido período de descanso, junto a tres tripulantes. Este servicio aéreo era la arteria que acortaba dramáticamente las distancias patagónicas y sostenía la vida laboral de la empresa estatal, pilar de las comunidades de Cutral Co y Plaza Huincul.

Aproximadamente a las 16:22 horas, a tan solo diez minutos de su aterrizaje, el avión se estrelló violentamente contra la Meseta Buena Esperanza, a unos 35 kilómetros al norte de Cutral Co. El impacto fue devastador, resultando en la muerte instantánea de las 37 personas a bordo, entre ellas los pilotos Omar Carbone y Juan Peduzzi. La investigación técnica posterior, a cargo de ingenieros británicos de A.V. Roc y de la Fuerza Aérea Argentina, determinó que la causa del desastre fue la fatiga de materiales, un fallo estructural que provocó el desprendimiento de un ala en pleno vuelo. Se supo además que este Avro 748, que YPF había adquirido usado, arrastraba un historial de reparaciones por un accidente previo en Aeroparque, un antecedente que señala la negligencia administrativa en el mantenimiento y certificación de seguridad de la flota.

La tragedia se insertó en el momento más delicado de la historia política argentina, apenas tres semanas después del golpe de Estado que instaló la dictadura militar. Con YPF intervenida por autoridades castrenses, la nueva junta se obsesionó con proyectar una imagen de orden y eficiencia. Inicialmente, las autoridades militares sospecharon de un ataque o sabotaje. Sin embargo, una vez que la causa técnica apuntó a un fallo por fatiga, la narrativa cambió. Admitir una negligencia sistémica era políticamente inaceptable. Por ello, la dictadura impuso un “manto de olvido oficial”: se declaró que el accidente se debió a "fallas normales" y se cerraron todas las fuentes de información. Como medida de control, se llegó incluso a encarcelar a un testigo clave, un hombre que había subido al avión pero que, por razones desconocidas, decidió esperar el siguiente vuelo, asegurando así que no existieran narradores alternativos a la versión oficial.

La respuesta institucional fue fría y silenciada, contrastando con el duelo masivo y visceral de las comunidades petroleras. La pérdida de 37 vidas, todas vinculadas a la misma empresa y estilo de vida, dejó un trauma profundo en Cutral Co y Plaza Huincul. Debido a la destrucción de la aeronave, la identificación de los restos fue imposible, lo que impidió a las familias recibir los cuerpos.

El sepelio, celebrado el 17 de abril de 1976, fue multitudinario. El momento más simbólico fue el cortejo fúnebre que duró una hora: los 34 ataúdes fueron trasladados al cementerio de Cutral Co en 34 Rastrojeros de YPF, los vehículos utilitarios, íconos del trabajo petrolero. El mausoleo común donde fueron depositados los restos, con una placa de YPF que honra a los “Héroes Ypefianos”, se convirtió en el epicentro de un dolor que el Estado militar intentó borrar.

La tragedia del Avro 748, el mayor desastre aéreo en la historia de la provincia de Neuquén, fue un precursor del dolor que se gestaba. La memoria de los caídos fue preservada por la Agrupación 29 de Octubre – Veteranos Ypefianos, quienes aún hoy lideran los homenajes anuales. Este trauma colectivo de 1976 y el posterior abandono institucional ayudaron a cimentar la identidad "ypefiana" y soberana que, dos décadas después, galvanizaría a los pobladores de Cutral Co y Plaza Huincul en las históricas Puebladas contra el desmantelamiento de la empresa estatal.