Chile irá a una segunda vuelta el 14 de diciembre luego de una elección marcada por una participación histórica y una diferencia mínima entre los dos candidatos más votados. Con el 71% de las mesas escrutadas, la oficialista Jeannette Jara, militante del Partido Comunista, obtuvo 26,63% de los votos, superando por poco al conservador José Antonio Kast, que quedó segundo con 24,19%.
El resultado dejó un dato inesperado: el independiente Franco Parisi logró el 19,22%, desplazando a figuras de derecha que venían mejor posicionadas en encuestas. Detrás quedaron Johannes Kaiser (13,92%) y Evelyn Matthei (13,04%). El resto de los postulantes no superó el 2%.
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Fue, además, la primera elección presidencial con voto obligatorio, lo que generó largas filas y una participación muy superior a la de 2021.
Un balotaje entre oficialismo y una derecha que llega unificada
Aunque la derecha llegó fragmentada a la primera vuelta, la reacción fue inmediata después de conocerse los resultados preliminares: Matthei y Kaiser salieron rápidamente a respaldar a Kast, que encara la segunda vuelta con el apoyo consolidado del sector.
Jara enfrenta el desafío de ampliar su caudal electoral más allá del voto oficialista, en un contexto donde el gobierno de Boric llega con altos niveles de desgaste.
Una definición que se inscribe en un clima regional distinto
El enfrentamiento entre una candidata oficialista de izquierda y un referente conservador se da mientras en varios países de la región avanzan opciones de derecha o centroderecha. El mapa regional muestra reacomodamientos, y la elección chilena se vuelve parte de ese nuevo ciclo político latinoamericano marcado por polarización, voto independiente y movimientos electorales imprevisibles.
