El Hospital Nasser de Khan Younis, en la Franja de Gaza, fue escenario de un nuevo bombardeo israelí que dejó al menos 20 muertos, entre ellos cuatro periodistas que cubrían la guerra. El ataque, confirmado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), golpeó de lleno al cuarto piso del edificio y desató escenas de desesperación en el mayor centro médico del sur del enclave.
El impacto del ataque
Según fuentes locales, dos misiles impactaron con pocos minutos de diferencia. El segundo estallido ocurrió cuando rescatistas y colegas de las víctimas ya estaban en el lugar auxiliando a los heridos. Entre los fallecidos se encuentran los periodistas Mariam Dagga (colaboradora de Associated Press), Hussam al-Masri (camarógrafo de Reuters), Mohamed Salameh (camarógrafo de Al Jazeera) y Moaz Abu Taha (reportero de NBC).
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Además, resultó herido el fotógrafo de Reuters Hatem Khaled y murió un trabajador de la Defensa Civil gazatí. La zona afectada era un punto estratégico para transmisiones internacionales por su buena conectividad y visibilidad.
Periodistas entre las víctimas
Mariam Dagga, de 33 años, solía trabajar en el propio hospital documentando la lucha de médicos y pacientes contra la desnutrición infantil. Los camarógrafos y reporteros alcanzados por el ataque formaban parte de equipos que transmitían en directo la situación humanitaria en Gaza, lo que generó un fuerte impacto en las principales agencias internacionales.
La versión de Israel
Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron el bombardeo y aseguraron que iniciaron una investigación preliminar. En un comunicado señalaron: “Las FDI lamentan cualquier daño a personas no involucradas y de ninguna manera dirigen ataques contra periodistas como tales, actuando en la medida de lo posible para reducir el daño a ellos, al tiempo que se mantiene la seguridad de nuestras fuerzas”.
El colapso del sistema de salud en Gaza
El Hospital Nasser ya venía funcionando bajo extrema presión tras meses de ataques. Según su director, Atef al-Hout, el centro atiende a más de 1000 pacientes en instalaciones con capacidad para apenas 340 camas. Muchos enfermos son tratados en pasillos o en hospitales de campaña improvisados, mientras la falta de suministros y personal agrava la crisis humanitaria.