La madrugada venezolana se quebró en estruendos. Explosiones, incendios y vuelos rasantes marcaron el inicio de un sábado que ya quedó inscripto en la historia reciente de América Latina. A las 6.21 de este 3 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que fuerzas militares estadounidenses ejecutaron “un ataque a gran escala” contra Venezuela y que el presidente Nicolás Maduro, junto a su esposa Cilia Flores, fue capturado y “extraído del país”.
El mensaje, publicado en redes sociales, cayó como una bomba política global. Minutos más tarde, a las 6.24, el secretario de Defensa norteamericano, Pete Hegseth, confirmó que el posteo era real, aunque sin brindar mayores precisiones sobre la operación ni el paradero del líder chavista. Washington anunció una conferencia de prensa para más tarde, en Mar-a-Lago.
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Mientras tanto, en Venezuela, la noche seguía encendida.
Según reportes de la agencia AFP, a las 02.38 (hora local) se registró una nueva explosión en Caracas, mientras aeronaves sobrevolaban distintos sectores de la capital. Imágenes difundidas en redes sociales —aún sin verificación oficial— mostraban grandes incendios y columnas de humo en zonas del sur y este de la ciudad. El gobierno venezolano confirmó ataques en los estados Miranda, La Guaira y Aragua, todos estratégicamente ubicados en torno a Caracas.
En un comunicado oficial, el régimen chavista denunció “la gravísima agresión militar perpetrada por el gobierno de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos” y afirmó que el objetivo del ataque sería “apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela”, país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
La ofensiva no resultó sorpresiva para los analistas. En las últimas semanas, Trump había desplegado una considerable fuerza naval en el Caribe y había advertido públicamente que los días de Maduro en el poder “estaban contados”, incluso dejando abierta la puerta a una intervención terrestre.
Cadenas estadounidenses como CBS News y Fox News citaron a funcionarios anónimos de la administración Trump que confirmaron la participación directa de fuerzas militares de Estados Unidos en la operación. Sin embargo, hasta el momento no hubo un pronunciamiento institucional completo de la Casa Blanca que detalle el alcance del ataque ni confirme oficialmente el destino de Maduro.
La reacción internacional no tardó en llegar. Gobiernos de distintas regiones condenaron la invasión, exigieron conocer el paradero del presidente venezolano y su esposa, y reclamaron una salida pacífica al conflicto. En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró públicamente la captura del mandatario chavista, alineándose con la narrativa de Washington.
En la misma línea se expresó la senadora Patricia Bullrich, quien desde su cuenta de X calificó la jornada como “histórica” y sostuvo que “está llegando la paz y la libertad a Latinoamérica”. Bullrich recordó que la Argentina declaró al Cartel de los Soles como organización terrorista y definió al régimen de Maduro como una “estructura criminal liderada desde el poder”.
Mientras el tablero geopolítico se reacomoda a una velocidad vertiginosa, una certeza domina la escena: algo cambió de forma abrupta en Venezuela y en la región. El resto —la veracidad total de la captura, el destino de Maduro y las consecuencias del ataque— todavía se escribe, minuto a minuto, en un escenario cargado de tensión y pólvora.