Este miércoles murió Raúl Antonio Guglielminetti, uno de los represores de la última dictadura militar, condenado por crímenes de lesa humanidad y con responsabilidad directa en secuestros, torturas y desapariciones en la provincia de Neuquén.
Guglielminetti integró el aparato de inteligencia del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, y fue uno de los nombres centrales en las causas que investigaron el funcionamiento del centro clandestino de detención La Escuelita, uno de los principales engranajes de la represión ilegal en territorio neuquino.
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Falleció a los 84 años
El 26 de septiembre pasado, el Tribunal Oral Federal N.º 6 autorizó que Guglielminetti, de 84 años de edad, dejara la cárcel y regresara de manera temporaria a su domicilio de Mercedes, Buenos Aires, bajo el argumento de problemas de salud. La medida dispuso que fuera cuidado por su esposa y una de sus hijas.
Según confirmaron fuentes judiciales a Página/12, el represor murió hoy antes de cumplir cuatro meses fuera de la cárcel, sin haber completado la condena que pesaba en su contra.
Su accionar en La Escuelita
En la provincia de Neuquén, Guglielminetti fue parte activa del circuito represivo ilegal que operó durante la dictadura cívico-militar. Su nombre aparece vinculado al funcionamiento de La Escuelita, donde decenas de personas fueron secuestradas, torturadas y mantenidas en cautiverio clandestino.
Los juicios por delitos de lesa humanidad probaron que en ese centro clandestino se cometieron tormentos sistemáticos, privaciones ilegales de la libertad y desapariciones forzadas, con participación de personal del Ejército, fuerzas de seguridad e integrantes de inteligencia como Guglielminetti.
El juicio La Escuelita
En el juicio La Escuelita, la Justicia federal determinó la responsabilidad penal de Guglielminetti por su rol en el plan represivo desplegado en Neuquén. Fue condenado a 12 años de prisión por delitos de lesa humanidad, crímenes que, por su gravedad, son imprescriptibles.
En el juicio conocido como “La Escuelita II”, Orlando “Nano” Balbo, educador, maestro y militante neuquino, fue uno de los primeros testigos que rompieron el silencio sobre el terror estatal. Balbo relató que el 24 de marzo de 1976, el propio Guglielminetti encabezó el operativo que lo secuestró en Neuquén, lo condujo a la Delegación de la Policía Federal y lo sometió a torturas con picana eléctrica.
Balbo señaló que el represor “era quien daba las órdenes” en las sesiones de tormento y tenía “una mirada penetrante, prácticamente daba órdenes con la mirada”.
Su rol en la dictadura a nivel nacional
Además de su atroz accionar en Neuquén, Guglielminetti tuvo un rol activo a nivel nacional dentro del entramado represivo y de inteligencia del último régimen militar. También era uno de los represores del centro clandestino de detención Automotores Orletti, uno de los principales puntos de tortura y exterminio del Operativo Cóndor en la Argentina, y fue parte de los grupos civiles de inteligencia que actuaron durante el terrorismo de Estado.
Tras la restauración democrática, incluso llegó a aparecer en una fotografía detrás del presidente Raúl Alfonsín, cuando la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) lo infiltró como supuesto agente útil para seguimiento político, aunque su historial criminal era conocido desde los primeros informes de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).