Las quejas venían acumulándose desde hacía semanas. Gritos, peleas que estallaban a cualquier hora y la sensación, cada vez más extendida entre los vecinos, de que algo más que discusiones se estaba moviendo en ese rincón de San Patricio del Chañar. En el sector conocido como Toma La Costa, la convivencia se había vuelto tensa y el miedo empezó a ganar la calle.
La denuncia vecinal fue el punto de partida. Hablaba de disturbios reiterados, enfrentamientos y hasta la exhibición de armas de fuego en las inmediaciones de varias viviendas. Con ese dato, la Policía inició tareas de vigilancia discreta y observación, bajo la órbita de la fiscalía, para intentar entender qué había detrás de esos episodios que alteraban la vida cotidiana del barrio.
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La respuesta llegó ayer por la mañana. Con orden judicial, personal de la Comisaría 13°, junto a otras unidades policiales, desplegó cuatro allanamientos simultáneos. Lo que parecía un conflicto vecinal terminó revelando un escenario mucho más complejo.
En uno de los domicilios, los efectivos encontraron un revólver calibre 22, municiones, una balanza de precisión y decenas de envoltorios con una sustancia blanquecina. También había teléfonos celulares, dinero en efectivo y varios elementos denunciados como robados. Los test realizados confirmaron que se trataba de clorhidrato de cocaína: eran 72 dosis, con un peso total cercano a los 21 gramos, además de una suma de dinero que rondaba el millón y medio de pesos.
Pero no fue lo único. En otra vivienda, el patio escondía lo que algunos vecinos ya sospechaban: ocho plantas de cannabis, que se sumaron a otras incautadas durante el operativo. En un tercer inmueble, la Policía secuestró siete teléfonos celulares, que ahora serán peritados como parte de la investigación.
El operativo cerró con la detención de un hombre mayor de edad, señalado como uno de los principales involucrados. La causa sigue en manos de la fiscalía, que deberá definir los próximos pasos mientras analiza el material secuestrado.
Lo que empezó como una denuncia por “quilombo” terminó destapando un entramado de armas, drogas y dinero que, durante meses, había crecido a la vista —y al temor— de todo un barrio.