Todo comenzó a mediados de enero, cuando movimientos sospechosos en la zona céntrica encendieron las alertas. Lo que parecía una maniobra aislada terminó revelando algo más grande: un circuito activo de narcomenudeo que operaba con una logística definida y puntos de distribución en la ciudad.
A partir de ahí, el seguimiento fue constante. Durante semanas, el trabajo de inteligencia permitió reconstruir el funcionamiento de la red. La principal sospechosa no vivía en la localidad: llegaba desde Plottier para abastecer distintos puntos de venta y luego se retiraba.
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Con el esquema ya identificado, el operativo se activó cuando los investigadores detectaron su presencia en la ciudad. Había una ventana corta: si no actuaban rápido, existía el riesgo de que la estructura se desarmara o los implicados escaparan.
Con aval judicial, se realizaron allanamientos simultáneos en tres domicilios. Uno de ellos funcionaba como base transitoria en pleno centro; los otros, en distintos barrios.
El resultado fue inmediato: cuatro personas —dos mujeres y dos hombres— quedaron detenidas y a disposición de la Justicia.
Droga, dinero y logística
Los procedimientos dejaron al descubierto la magnitud del circuito. Se secuestraron más de un kilo de cocaína y más de un kilo de marihuana, además de una suma superior a los 3,5 millones de pesos en efectivo.
También se incautaron celulares, balanzas de precisión y distintos elementos utilizados para fraccionar la droga, una señal clara del nivel de organización que tenía la red.
Un circuito menos en la calle
El operativo logró desarticular una estructura que tenía presencia activa y llegada directa en la comunidad. No se trataba solo de venta: había logística, abastecimiento y distribución.
El golpe no solo implica detenciones y secuestros. Marca, sobre todo, la caída de un circuito que durante meses operó en silencio y que ahora quedó expuesto.